Malagueño, malaguista, hombredetrono.

14 marzo 2007

La llamada


Se contaban historias sobre la vieja casa abandonada del pueblo. Los ancianos jamás pasaban por allí, y solo los mas pequeños del lugar nos atrevíamos a acercarnos a la verja durante nuestros juegos, en parte debido a que nunca habíamos observado nada extraño y a que solo conocíamos de oídas las historias que contaban nuestros abuelos.

Aquella tarde estábamos jugando al fútbol, el partido estaba reñido, y en un lance del juego, golpeó la pelota con toda su fuerza tratando de batir al portero, pero erró el tiro. La pelota pasó por lo alto del larguero y continuó su trayectoria ascendente hasta que pasó por lo alto de la verja, cruzó el jardín y golpeó en el tejado del abandonado caserón, después cayó botando hacia el patio interior de la casa.

Nos disponíamos a darla por perdida, una cosa era pasar por allí, pero entrar era otra bien distinta, ni siquiera era cosa de valientes, se trataba de algo que solo un demente se atrevería a hacer, había que estar muy loco para eso. Íbamos a marcharnos a otro lado, de repente algo me impulsó a darme la vuelta, sentía que me llamaban desde la casa, no alcanzaba a ver nada ni a nadie en su interior, solo veía el jardín y el reflejo del sol en los ventanales que no permitía observar el interior, aún así, sentía que me observaban, me observaban y llamaban.

Me dirigí lentamente hacia la verja mientras mis compañeros bloqueados miraban sin hacer ni decir nada, trepé el muro sin dejar de mirar hacia la fachada principal y salté al jardín, caminé lentamente hacia la entrada de la casa y llegué frente a la puerta, golpeé una, dos, tres veces con el puño mientras esperaba una respuesta, el eco de mis golpes fue todo lo que pude oír, así que me decidí a empujar muy despacio la puerta y esta con un pequeño crujido cedió.

Casi sin darme cuenta se me había ido dibujando poco a poco una sonrisa maliciosa en el rostro, en mis ojos no había miedo, solo un brillo que se iba intensificando a medida que penetraba en el interior del salón principal y la luz iba disminuyendo. De pronto la puerta se cerró, mis amigos echaron a correr y me abandonaron a mi suerte, me hallaba inmerso en una nube de polvo que ahogaba mis pulmones y no permitía ver nada, pero ahí seguía, de pié, con la sonrisa ahora maligna y sin inmutarme ante nada. Entonces le vi, se hallaba erguido frente a mi mientras me tendía la mano y me invitaba a acercarme a el.

Jamás abandoné aquella casa, tampoco nadie se atrevió a entrar para buscarme. Han pasado cuarenta años desde aquel día y las historias sobre el viejo caserón perduran en el pueblo, solo los niños se atreven a acercarse. Mi compañero ya no se encuentra presente, hace ya algún tiempo que me dejó y ahora me encuentro solitario, sin compañía, pero desde aquí, desde mi ventana puedo verlos, juegan al fútbol y la pelota se acerca hacia mi tejado...

3 comentarios:

"Mijarajánnnnnnnndenoooooo" dijo...

Inquietante historia al estilo clásico. Sólo superable por la historia jamás escrita del señor Dae...

pedro finch_ dijo...

Ups!
De los que dan repelusillo cuando se leen! :-o
Buena sorpresa, sr Bart :-)

TEE7H1NG dijo...

Ese es mi papiiiiii!!! Así que cuando se fue de casa y nos abandonó a mi mami y a mi hermanito, siendo todavía un niño, se fue a esa casa solitaria y aburrida... y sin tele... manda wevos!!! ;)



Ma gutao! =)