Malagueño, malaguista, hombredetrono.

25 diciembre 2009

El eterno sueño, el inmortal recuerdo.


Soy de los pocos afortunados que han llegado a conocer a sus cuatro abuelos. Dentro de ese pequeño grupo soy incluso más afortunado aún, durante la mayor parte de mi vida he podido disfrutar de tres ellos, y eso que ya paso de los treinta años.

Se que es ley de vida, que no debería quejarme de mi suerte, pero ¡que duro es cuando uno de ellos se va! Un abuelo con el que durante años compartí mesa y mantel a diario. Un abuelo que está presente en cualquier recuerdo que tenga sobre mi casa en la infancia y juventud.

Poco a poco te fuiste apagando, lo hiciste sin hacer ruido, solo con tus achaques y tus pequeñas cosas que son propias de un hombre que se acercaba a los noventa años.

Serán las primeras navidades que pasemos sin estar pendientes del abuelo en la comida. Sin que tus hijos tengan que "regañarte" porque se te caen las migas al suelo, porque te atragantas al comer con agonía o tener que levantarse de la mesa para ayudarte. Benditas molestias solo por el hecho de tenerte con nosotros.

Recuerdo como te quedabas dormido en el sofá, ya estuvieras viendo la tele, leyendo el periódico o hablando. En un par de segundos de distracción ya estabas roncando y aprovechábamos para cambiarte el canal de la tele. A veces tu mismo te despertabas con tus propios ronquidos y a nosotros nos hacía gracia.

Y como no podía ser otra, esa fue la manera que escogiste para marcharte, un sueño profundo del que esta vez no despertaste. Lo hiciste sin avisar, sin causar molestias y sin dar apenas pistas. Tu rostro sereno denotaba tranquilidad por no haber sufrido, y me atrevería decir que por el trabajo bien hecho con tus hijos.

Allá en el cielo espero que pases una feliz navidad junto a la abuela Pepa, la cual lleva muchos años esperándote. Dale recuerdos de sus hijos, de sus nietos y saludos de la bisnieta que no llegó a conocer. Disfruta con ella hasta que algún día nos veamos todos.

Feliz Navidad a todos, ¡Feliz Navidad abuelo!

5 comentarios:

Carlos Knórevitz dijo...

¡Hasta siempre al hombre de los nueve dedos y medio! Buen viaje y feliz descanso eterno.

Anónimo dijo...

Espero que tu abuelo, pueda leer esto, porque le encantará. Hasta a mi (con lo duro que tu sabes que soy) se me han saltado las lágrimas. Descanse en paz. Madueño

Delgado dijo...

Buen detalle mi estimado...

Feliz navidad para ti tambien

Anónimo dijo...

Vacía el alma, llenos los recuerdos…

Cojo un cuento para leer a mi niña, “Plaza y Janés”, una lágrima asoma sin querer y sin pensar por mis ojos. Cuánta literatura infantil cargada de recuerdos, era emocionante recibir otro libro de manos de mi abuelo: “El diccionario de las 1000 primeras palabras”, mi preferido…

Pero más emocionante aún era escuchar todas las historias de los viajes que decía haber hecho y que nunca, por desgracia, hizo (y mira que le insistíamos para que hiciera viajecitos con el inserso) ¿Recuerdas cuando te subiste a una palmera porque te perseguía un león? ¡Menos más que sólo se llevo parte de tu dedo! ¿y cuando te quedaste sin agua en el desierto? ¿los pigmeos que casi te atrapan?... Yo nunca lo olvidaré, yo nunca te olvidaré…

Vale, vale, algunas sí que eran reales: las serenatas con tu bandurria, cuando pedías fuego a algún pasajero para arrancar tu autobús, la de rayas que pintaste en la carretera, los secretos conocidos del arte chocolatero…. Cuando estaba malita todas esas historias se dibujaban en mi habitación, junto a un viejo tablero de damas y un abuelo bonachón; no es de extrañar que yo esperaba con ansia que llegaras a casa.

Tampoco recuerdo una tarde en mi casa sin pelearnos por el mando a distancia, el amigo Tate era mucho Tate…, y las recetas que tú nunca probarías de Arguiñano pero que siempre querías ver (“niños, no digáis delante del abuelo que no es pollo, que no se lo come”) ¿Los fines de semana con “Chucky Norris”? ¿La Bea? Hasta te enganchaste a Pasión de Gavilanes. Yo nunca lo olvidaré, yo nunca te olvidaré…

Para siempre en mi memoria los cacahuetes con chocolate caseros de los fines de semana, los “Carachocho” de Navidad, las doscientas pesetas o el 1,20 que tanto te costó asimilar, los huesos de chirmoya por el suelo después de almorzar, tu bendición junto al altar…

Te fuiste, no vuelves, te vas…, y dejas a mi alma huérfana de historias, ojalá esta carta fuera con acuse de recibo para cerciorarme de que sepas que te quiero, que no te olvido, que te doy gracias por todo lo vivido, por todo lo sentido, y que te pido humildemente perdón por las veces que te he herido.

Pablo Daffari dijo...

Hace tiempo que no oigo decir de nadie "Es una buena persona". Importa ser guapo, guay, competitivo,... incluso agresivo o macarra. Nosotros siempre le llamábamos "el abuelo Juan" (y eso que no era nuestro abuelo, sino el de nuestros primos), lo que da una idea de su caracter entrañable. Al margen de eso creo que lo conocí lo sufieciente como para decir "era una buena persona". Y ya hemos visto que hoy día (por desgracia) es decir mucho.